lunes, 5 de marzo de 2012

Al principio la única sensación es e que no vas a llegar nunca, el camino es eterno, y lleno de paradas, subidas y bajadas, ratos de espera... Pero para mí, he llegado a París en el momento en que salgo de la estación Cité Universitaire - RER B. Aunque reconozco que un rato antes, al ir pasado las paradas desde dentro del vagón, la mente se va preparando para el momento.

Los sentimientos se contraponen. Por una parte, y esta vez más, y más claro que nunca, la pena de dejar Barcelona, con lo que significa para mí: la familia y Manu. Eso hace que Paris lleve una pequeña connotación de tristeza. Además, en la línea de lo malo, es fácil añorar en seguida la buena educación (quién lo diría) de los barceloneses, y en general la tranquilidad. Llegar a Paris, desde el momento en que aterrizo, es incomodidad, gente corriendo hacia todos los lados, peste...

Pero todo eso queda atrás cuando salgo de la estación, como he dicho, y sólo veo los edificios de la Cité, y el cielo tan característico de Paris (que no había visto hasta entonces, sino sólo el subsuelo por el que pasan los trenes). La Cité, vista por primera vez desde mi último viaje, me conmueve. Siento la independencia con todas sus letras, me siento un individuo que no necesita a nada ni a nadie, sino que hace su vida a pequeños pasos que nadie percibe. Es todo un sentimiento erróneo, porque vivo aquí con una tarjeta contra una cuenta que se rellena en Barcelona, pero eso no me viene a la cabeza, sino sólo "MI casa". Es como el orgullo y a la vez la satisfacción de que ese conjunto de edificios siga ahí, me esté esperando y yo tenga la llave que abre las puertas, y desde ese momento ese volverá a ser mi domicilio hasta que me vuelva a ir.

Aún así, reconozco que vivir sola me gusta, pero siempre voy a preferir estar con alguien durante todo el día y sobre todo la noche... Suerte del ordenador, que es como mi balcón que da al mundo, sea para conectarme a mis compañeros en el erasmus, para poder hablar con mi gente de Barcelona, o sea para estar informada o distraída mediante toda la oferta que brinda internet.

Sigo con el corazón dividido, quiero volver a Barcelona, echo de menos mi vida normal, pero a la vez no quiero dejar de vivir en Paris.

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