Esta historia es anterior a la última que he contado, pero tengo que aprovechar estos días que tengo más tiempo para ir reescribiendo nuestras anécdotas...
Esta no tiene más que el hecho corriente y normal de llegar a la universidad a primera hora, y ver que habían "anulado" nuestra clase de la mañana (entre comillas, porque en lugar de nuestra clase lo que había era un galop d'essai, así que antes de enzarzarnos en galopar, huímos). Hicimos un poco de vida de uni: biblio, impresora, bureau... Comimos, pas mal, por cierto, y Milena se iba a casa para estudiar en vez de ir a civil, porque tenía el examen español. Yo iba a clase de medioambiente, y ¡sorpresa! tampoco hubo clase. Más tarde (ayer) supe que esa clase simplemente se estaba dando en otro aula, pero como los erasmus no tenemos derecho a saber estas cosas... Total, que ante ese sentimiento de haber perdido todo el día, enseguida nos pusimos de acuerdo en que nos merecíamos un cine.
Además, después del empacho de Bref de los úlitmos días, no podía resultarnos difícil la comprensión de unos cuantos sketches de Jean Dujardin (recientemente oscarizado) y Gilles Lellouche (el segundo hombre más sexy sobre la faz de la tierra). Nos metimos en la sala, justo delante de una pareja de abuelitos, para molestar. Nos las tuvimos, pero Milena con su carácter Adólfico y peleón se impuso así que se cambiaron de asientos ellos en vez de nosotras. La peli empezó, y nuestras risas españolas destacaban entre las de los franceses. Quien no entienda cómo puede ser posible eso, le animo a ver este vídeo: Al acabar la película, Milena en shock por la última escena, nos sentíamos bastante guays, pero pensamos que por qué no creérnoslo un poquito más. Así que entramos en una de las callejuelas que dan a parar a Odéon, la "Rue de l'Ancienne Comédie" y nos gustó un bar de copas muy chic, el "Pub Saint-Germain". Nos sentaron en una de las mesas que daban a las ventanas-escaparate: claramente, para atraer a la clientela de fuera.
Pedimos un par de mojitos, que además estaban buenísimos, y que acompañaron con unas aceitunas y unos cacahuetes. Después de un rato de charla y de planificación, empezó la operación Olivier, que terminó con las mismas dos que habíamos entrado, pero con Milena bien feliz.
Entonces, decidimos volver a casa, después de una tarde Sex and the City total, salvo que Paris en lugar de Nueva York.
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