martes, 20 de marzo de 2012

Quien la sigue la consigue

Ya han pasado algunos días, pero como ahora tengo más tiempo, no voy a dejar de escribir sobre aquella noche.

Fue la última noche con la última de mis amigas, antes de que se marchase a Barcelona, a reunirse con las otras dos para hacer un examen, y dejarme aquí sola y desamparada en la demasiado grande ciudad de Paris.

Pues bien, como suele pasar, se nos juntaron varios planes en el mismo día, así que optamos por el de más alto contenido en italianos, que suele salir bien. Fuimos a casa de mamá Martina (la llamo así porque cuida de nosotras invitándonos a soirées sanas y divertidas), eso sí, habiendo cenado poco: craso error. Conocimos a algunos alemanes (de hecho, casi más que italianos... estafa!) Pero al poco rato nos invadió el hambre e hicimos una pequeña escapada al McDonalds. Escapada que Milena, no sé pensando en qué (bueno, sí que lo sé ;) ) se encargó de comunicar a todos los presentes, y además precisando que "sí, sí que hemos cenado, pero poco". Gracias, Milena.

El rato McDo fue muy chulo porque... bueno, primero porque te sientes como en casa. Y además, porque empezamos a rajar de la alemana. Esa que no paraba de gritar en la soirée, esa que tenía cara de ensuma merda, esa que no decía nada, esa que tocaba la pandereta... Espera! Hablábamos de distintas alemanas! Cómo no... jajajajjaa Aunque a partir de allí decidimos compartir las manías, y las dos ganamos una enemiga, que siempre van bien.

Volvimos prontito a la soirée, para que todos nos preguntasen "ça va mieux?" Entonces empezamos a beber, a hablar de bref y de las muletillas que habíamos decidido incorporar a nuestro vocabulario cotidiano. Luego, cambiamos de interlocutor, y le contamos sobre bref, y sobre las muletillas que habíamos decidido incorporar a nuestro vocabulario. Y después, Federica se añadió a la conversación y le contamos sobre... lo mismo. Llegó un instante de la noche en que me pregunté cómo había podido estar tan ciega todo este tiempo, sin ver que Milena era mi alma gemela: nos complementábamos las frases, si a una no le salía una palabra, la decía la otra (sin haberla dicho primero en español), nos reíamos por las mismas cosas y nos alternábamos las preguntas o comentarios hacia quien hablábamos.

Ah, valga recordar el momento en que llegamos y fuimos a dejar los abrigos, e interrumpimos una conversación. Aprovecho este discreto y humilde blog para pedir perdón a la susodicha pareja, a Andrea y a la zorra de cuarta que se lo intentaba ligar utilizando métodos de atracción como "uuu tengo una prima que está buena y si me besas a lo mejor luego te la puedes tirar a ella". Fuera, putón. Deja paso a las españolas ;)

Después de unos cuantos vasos de vino, a Milena la ofendieron diciéndole que iba medio desnuda. A ese muchacho lo invitamos todos a abandonar la casa de Gran Hermano hasta que lo hizo, segundos más tarde. Somos una piña.

Un grupito de italianos monos hicieron aparición en un momento dado, pero sólo un momento, luego abandonaron, dejándonos plagados de los alemanes y 3 o 4 italianas. Así que anduvimos hacia la discoteca acordada, pero después de pagar el guardarropía decidimos que preferíamos otro bar. Cogimos las cosas y nos fuimos.

Entramos en "Traskal", un bar perfecto: música buena, cierra más tarde de las 4.30 (hora en que abandonamos), y lleno de muchachos amables que te traen cervezas. Algunos no te la traen, pero puedes cogérsela de las manos, vaciarla en tu vaso y devolvérsela. Mi gran amiga Milena y yo, después de un tequila con Andrea, nos pusimos a la búsqueda de un poco de espacio para bailar y lo conseguimos, aunque intermitentemente. 

La noche siguió su curso, hasta que Milena tuvo problemas con el corazoncito, así que abandonamos, y fuimos los 3 a por un kebab. Parecía que ya se tranquilizaba todo, cuando tuvimos problemas para que nos diesen lo que habíamos pedido y yo había pagado. Como mis amigos estaban liados con no sé qué, tuve que ir yo a ponerme seria con el morito de turno, hasta que nos lo dieron. Y entonces elegimos una mesa grande y nos sentamos, mientras Milena se reía del pobre Sebastian (luego recordó  que era porque le había robado la cerveza, pero en el momento sólo recordaba que ella tenía que reírse de ese pobre chico).

Sólo cabe añadir que nos tocó un falso francés calvo al lado, al que después de mirarme descaradamente durante varios minutos seguidos, tuve que dar un toque de atención, y entonces se puso chulito diciendo que en Francia eso se puede hacer, y que si no me gustaba, que me marchase. La conversación derivó en que los franceses se creen los reyes del mundo y que todos deberíamos hablar su idioma, y en Milena y Andrea convenciéndome de que me callase que aún acabaríamos a puños. Al final lo hice, pero bueno... Tuvo su merecido el imbécil, y además su compañero (también calvo, pero sin tanta pinta de pringada), le miraba con cara de "en qué jardín...". 

Abandonamos el antro, cogimos el metro, las chicas nos marchamos a la cueva B.Chaumont y allí nos partimos un rato, nos pusimos el despertador para ir a hacer la inscripción, dormimos, y nos despertamos a mediodía, con el bureau cerrado, pero varios capítulos de Bref o Skins por ver. Y muuucho por comentar. 

La valoración del momento, sobre las 00.15, en casa de Martina, sobre si coger el último metro o apostarlo todo... satisfactoria. Como no podía ser de otra manera, a su vez. 


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