viernes, 25 de mayo de 2012

He visto a putas más recatadas que esto

Los últimos días han estado llenos de emociones. Voy a hacer un recorrido desde el lunes hasta ayer jueves, con los momentos más memorables, y el día de ayer lo explicaré con todos los detalles que merece. 

Primero, lunes: fin de mis exámenes, así que después del rato obligado de glander en casa de Milena escuchando a Max Boublil y planeando le soir. Aunque no nos sirvió de mucho, ya que nuestro poder de convocatoria salió negativo: ni un alma caritativa se apuntaba a salir con nosotras. Salvo Ling y Maria, por supuesto, con las que fuimos a cenar una crêpe savoyarde al Petit Grec (el mejor sitios de crêpes de Paris). 

Entonces, los dos chuchufletos se marcharon a casita a reposar, y el bebetrón y yo fuimos a ver la escalinata de Midnight in Paris, y un par de vueltas más por la zona... En última instancia nos dirigimos al Café Oz, el único sitio que sabíamos que estaría abierto, ya que los lunes es un mal día para s'amuser en Paris. 

El bar se encuentra en Denfert Rochereau, así que fuimos directas. Por el camino, un par de ''parisiens'' de origen tunecino y marroquí nos distrajeron un poco con sus intentos de ligar, hasta que lo dieron por muerto al tomar a Milena por deficiente mental, ya que supuestamente nos íbamos a Disney Land Paris con el RER B. 

Nos bajamos en Denfert Rochereau y, caminando hacia la salida,... pourquoi pas... Pasar por la cité, cambiarnos de ropa y hacer las cosas bien? Así que fuimos a casita, nos pusimos ropa un poco más adecuada para salir (nada escandaloso), y ya íbamos a salir, cuando... ¡sorpresa! Mehdi en Paris, y comunicándose con nosotras para salir esa misma noche! De la emoción, tardamos un poco en teclear su número de teléfono, pero sí sí, no era ninguna broma. Quedamos en un rato en el bar, y allí lo encontramos. 

El bar era pourri: música lenta, una gorda cantando, unos cuantos loup-garou al acecho... Salimos a la terraza, nos pusimos al día, y al cabo de un rato, después de sonar la campana de la última copa y acabarnos nuestras respectivas birras, salimos en taxi dirección Cambronne. Después de unas cuantas gestiones por la calle, subimos al apartamento del vecino. Terraza con vistas a la Torre Eiffel, camas en el techo,... una pasada. Y allí empezamos a charlar, divagar y elaborar teorías de verdad absoluta, cada uno la suya, por supuesto. Milena confesó su gran secreto: no le gustan los niños. Pero seguimos siendo amigos suyos. Max Boublil sonó durante toda la noche, intercalado con los Beatles. Se hizo de día y para nosotros era como si la fiesta acabase de empezar, bailando con la aspiradora como micro, y subidos en el sofá como podium, y a ratos por el suelo. El cenicero a rebosar. 

Cada uno acabó la noche como pudo y, eso sí, las privilegiadas de la cama mágica se despertaron al día siguiente como si nada hubiera pasado. (no de falta de memoria, sino de resacas ni dolor de ningún tipo). Así que nos volvimos a vestir "nada escandalosamente", ya que el Mister tenía que hacer recados, y emprendimos nuestro día de fous con una comida en el mejor restaurante de la rue du Commerce, en que tuvimos el acierto de pedir los dos peores platos de la carta. Recordatorio para Milena y todo el que quiera comer conmigo: nunca pedir lo que yo pido. Siempre la pifio. 

Así que después de un intento de gazpacho, unos rollitos primavera y el famoso y reputado boeuf bourgignon con falsos macarrones, montamos un pequeño numerito en el lavabo, frente al camarero que ya llevaba partiéndose de risa de nosotras desde que habíamos llegado. 

Al salir, hicimos un poco de window-shopping, y a casita. 




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