viernes, 25 de mayo de 2012

Lo bueno nunca acaba, si hay alguien con quien recordarlo

Siguiendo con nuestras aventuras, tuvimos una soirée mehdi II, que empezó con una inocente salida a dos a Chez George de las dos incansables Milena y yo. Invitadas al apartamento del vecino, pasábamos un rato charlando con el camarero de nuestra segunda casa, el cual conoce a Max Boublil, así que era necesario sacarle toda la info posible! También conocimos a un chiuaua al que le gustá Chez George, al nuevo camarero, mucho más enrollado que el último, y al falso Olivier. Minutos antes de perder el último metro, salimos dirección Cambronne, y aparecimos en la soirée con amigos con una botella de vino y otra de cerveza, para poderle sacar la chapa con ayuda de un mechero. Con mucho más relax, quizá demasiado, pasamos unas horas charlando y cantando, y esta vez nos fuimos a dormir prontito (4 heures environ), para despertarnos pronto y desayunar por última vez con la otra mitad de nosotras, Ling y María. 

No tenían milhojas de fresas, pero no desayunamos mal: huevos fritos, colacao... Entones los acontecimientos empezaron a precipitarse. Heureusement que las niñas lo habían preparado todo: 3 maletones del tamaño aproximado de mi cuarto, 2 maletas de un tamaño normal (como una bañera), y ya no sé cuántas bolsas de apariencia inocente, pero... las peores! Ah, y las raquetas de tenis. En total calculamos unos 200 kg. La idea era de hacer dos viajes, pero como somos unas valientes y, sobre todo, por inspiración del Espíritu Santo, nos armamos con todo y salimos de Ourq, shorts, bambas y coleta modo on. 

Ling coja, maría vestida como en pleno invierno, claro que sí, y a 40ºC a la sombra, emprendimos la odisea. Aprendimos que no todo en Paris son capullos cuando un buen hombre nos ayudó, al gritito de socorro de Ling, a bajar un par de las gordas. Los primeros 10 escalones. Todavía nos quedaba el tramo largo para poder coger la línea 5, pero nos las apañamos bastante bien. Etape par etape, biensur. 

Llegó el metro y cundió el pánico. ¡Cada una en una puerta! Y resultó que los metros de Paris tienen 4 puertas por vagón, así que niqué. Todo iba bien, incluso el sudor que no había parado de salir de nuestros poros desde que habíamos salido, era controlado. Como mínimo hasta que una cucaracha del tamaño de un dedal cayó del techo sobre un señor. Yo lo vi, y empecé una crisis nerviosa. Milena, para explicarlo a las de atrás (seguíamos distribuidas por puertas), se refirió a la bestia como una ''mini cucaracha''. Pero a la que el bicho se acercó a ella, mientras yo ya me rascaba por todas partes, empezó a chillar y llorar. Aunque lo peor era cuando la perdíamos de vista. Entonces siempre cabía la posibilidad de que te estuviese tocando sin que te dieras cuenta. No hace falta decir que podríamos haber cobrado entrada por el espectáculo. La gente se partía. 

Llegamos a Bastille para hacer el cambio, ya que la Gare de Lyon no conecta directamente con casa de las niñas, a diferencia de la Gare d'Austerlitz, que hubiese sido demasiado fácil. 

Bueno, existen paradas con pasillos interminables para hacer el transbordo... Pero no existe ninguna con más tramos de escaleras, ahora de subida, ahora de bajada, para poder cambiar de línea. Alguna gente nos ayudaba, otra nos empujaba, y otra simplemete miraba sin más, algunos incluso con miradas raras. En Paris hay mucha gente rara. 

Nos volvimos a distribuir por puertas, aunque sólo para una parada. Entonces llegamos a la estación. Al principio no había demasiada gente, pero en el tiempo en que Milena fue a comprobar que, tal como a lo que todo apuntaba, no había ascensor. Sí, sí. En una estación que conecta el metro con la estación de trenes de larga distancia, no hay ascensor ni escaleras mecánicas. En ese rato, llegó otro metro cargado con los que llegaban directamente de la jungla. 

Mis tres compañeras empezaron a subir los paquetes ligeros (este era el modus operandi. primero subíamos lo menos pesado, para ir calentando para lo gordo, mientras una esperaba abajo controlando el equipaje que quedaba). En esto, me vi sola, a los pies de la escalera, y unas 50 personas detrás mío, con ansias de tomar aire. Y yo controlaba unas cinco maletas. Un negro de dos metros intento saltar por encima de mí. Todos los demás eran de los que miran al frente, y no hacia abajo, así que no me vieron. Las maletas empezaban a desplomarse, y mis amigas no podrían haber bajado aunque quisieran, porque la corriente se te llevaba. Entonces, un grito desesperado mío despertó al mundo. De repente, todos se percibieron de nuestra presencia (mía y de las maletas), y cada uno cogió una, hasta el siguiente tramo. 

El siguiente tramo era tan solo de cuatro escalones. Gracias a Dios que, aunque todas conseguimos hacerlo, a golpes de carrito de bebé, Milena fue socorrida por un viejecito de unos noventa años, que la ayudó a bajar su mochilita. Uuuf! 

A partir de allí, nos esperaban unas encantadoras escaleras mecánicas. Nosotras, que ya tenemos un bagaje, supimos distribuirnos con espacio entre las unas y las otras. Lástima que el resto de la gente no puede concebir la idea de que si delante llevas a una chica con dos maletas, una bolsa de deporte, otra llena de ropa y una raqueta, por qué no dejar un espacio de dos escalones, al menos...? Naaaah! yo justo después. Así que casi la liamos al acabarse las escaleras. Pero no, con unos cinco morados entre las dos piernas, me conformé. 

Entonces empezó lo guay. Faltaban todavía más de 3 horas para que el tren saliese, así que nos agenciamos un rincón para nosotros 20 (entre niñas y maletas), comimos, y empezamos a charlar de nuestras guerritas en Paris. Después vino adivinar pelis, después cantar leyendo y adivinar la canción, y después el Pi. Uno de mis juegos favoritos, parecido al escondite, pero hay que esconderse, correr, gritar... un poco de todo, quoi! Después de unas cuantas rondas, María fue a comprobar la vía o la hora del tren, para ir a ver qué tal. Al fin y al cabo, ya quedaba solo media hora... Pero volvió con cara extrañada, todavía no salía en las pantallas, aunque otros más tarde sí salían. Por si acaso, las otras dos comprobaron el billete... Voilà! Paris-Austerlitz - Barcelona-França. Aunque las cuatro habíamos tenido los billetes en nuestras manos, y repasado otros aspectos, nadie se había dado cuenta de que estábamos en la estación equivocada. A media hora de la partida del tren. Estrés, gritos, golpes. Maletas para arriba y para abajo otra vez. Cruzamos la estación volando, hasta la parada de taxis, donde unas cien personas hacían cola. 

Decidimos que fuera Ling quien le explicase en buen francés y con calma al responsable que necesitábamos salir ya. Así que con un simple ''taxiiiiiiiii nos hemos equivocado. la gare, la gare. taxiii'' el señor entendió que debíamos pasar antes. Entonces, nos pusimos en medio de los 4 ó 5 carriles buscando el que nos habían indicado. Al final Bob Marley, con un 'qué pasa qué pasa' y un puro en la mano empezó a cargar las maletas en el maletero. Era una furgoneta, pero aún así no cupieron todas. El resto, entre nosotras. Riesgo de partir las raquetas elevado, igual que de acabar con parte de la maleta en la boca o en el ojo. Mientras alguna lloraba de histeria, yo me partía de risa porque estos estreses me dan la vida, y el taxista se descojonaba, llegamos en un momento, a golpe de bocina, a la estación correcta. Entonces volvió una falsa calma, a esperar que saliese el número de vía. Un rato de espera más tarde, lo que escuchamos por los altavoces, en español, fue que el tren había descarrilado, así que el viaje se haría en autobús. Y así fue. Acompañamos a las gafes de la vida hasta el bus, y muchos abrazos y algunas lágrimas más tarde, ellas estaban en el bus, haciendo corazones con las manos hacia la ventana, y Milena y yo lo mismo al lado. 

Un trocito de nosotras se fue a Barcelona también. Fue una de las despedidas más tristes envisageables. Pero me quedo con el buen recuerdo de las risas que no paramos de echarnos durante toda la tarde. 

PD: Acabo la noche: milena y yo volvimos a ourq a recoger cosas, la casa impecable. Y dijimos... pourquoi pas.. organizar aquí una soirée, de despedida del piso. Y así fue. Alcohol por doquier, perros y gallinas... en fin, la casa quedó bonita bonita para cuando la señora la vea. De hecho, es probable que todavía quede alguien en ropa interior durmiendo en el sofá. Ah, y el vómito del cuarto de baño olía tan mal que no tuvimos lo que hay que tener para limpiarlo. 

Gracias por todo nenas, fue un verdadero placer conoceros y convivir durante todos estos meses. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario