sábado, 5 de mayo de 2012

Yo no iba con Marine Le Pen, que conste.

Hoy no voy a contar ninguna historieta, no porque no nos pasen aventuras... esto es un no parar... ¬¬

Pero he hecho una reflexión que no puedo escribir en facebook porque no quiero ofender a nadie, y como esto sólo lo leéis los más íntimos, pues... 

En fin. Hace poco le pregunté a mi buen amigo bebetrón si, en caso de que ella hubiese nacido de color, lucharía por la igualdad de derechos en un país tal que Francia, por ejemplo, o si se resignaría a las discriminaciones sociales que pudiera llegar a sufrir en algún momento de su vida con gente "blanquita", ya que al fin y al cabo sería ella quien habría acabado en un territorio que no es el suyo original, y por tanto tiene un status que no es el mismo que los "sush" (parisino, parisino). 

Su respuesta no importa, pero os voy a contestar mi opinión. En el momento le dije "imagino que aceptaría el hecho, y asumiría las consecuencias". Quiero remarcar que el 99% de los habitantes de esta bonita etnia aquí en París opinan diferente, y creen que forzando su superioridad cambiarán algo, no sé, a lo mejor piensan que nos volveremos todos de su color, o que la ley de la jungla terminará por imponerse y que la gente emigrará de París en busca del mundo desarrollado... En fin. 

Yo continúo pensando que lo asumiría y punto. Pero también pensaba que no lo podía saber con exactitud, porque nunca estaría en su lugar. Pues bien, se ha demostrado que me conozco bien, porque no esto, pero me ha pasado una cosa muy parecida: Soy Phoebe. He tardado 3 o 4 años en darme cuenta, o en aceptarlo, pero ahora lo sé. Asumo las consecuencias. No estoy orgullosa de ser Phoebe, pero sí de ser como soy, y si esos conceptos van de la mano... vale. Claro que yo quería ser Rachel, yo creo que todo el mundo quiere, es más guapa y no hace cosas de idiota. Pero en la vida real yo las hago, así que... 

No intentaré creer a los demás que las tres chicas son iguales, porque son diferentes, ni intentaré hacer ver las ventajas de ser Phoebe. No. Es mejor Rachel, y punto. 

Que cada uno se tome esto como crea, y si tiene que asumir algo y dejar de dar empujones al subir al RER o bajar el tono de voz (o ducharse), adelante, yo os apoyo. Yo he dado el paso, tú también puedes. aanmoediging. 

Tengo que añadir un comentario post-publicación: he de reconocer que cuando estoy con gente de poca confianza, oculto o disimulo mi carácter phoebe. No es tan fácil si eres negro. 


martes, 20 de marzo de 2012

We're so cool and we know it

Esta historia es anterior a la última que he contado, pero tengo que aprovechar estos días que tengo más tiempo para ir reescribiendo nuestras anécdotas... 

Esta no tiene más que el hecho corriente y normal de llegar a la universidad a primera hora, y ver que habían "anulado" nuestra clase de la mañana (entre comillas, porque en lugar de nuestra clase lo que había era un galop d'essai, así que antes de enzarzarnos en galopar, huímos). Hicimos un poco de vida de uni: biblio, impresora, bureau... Comimos, pas mal, por cierto, y Milena se iba a casa para estudiar en vez de ir a civil, porque tenía el examen español. Yo iba a clase de medioambiente, y ¡sorpresa! tampoco hubo clase. Más tarde (ayer) supe que esa clase simplemente se estaba dando en otro aula, pero como los erasmus no tenemos derecho a saber estas cosas... Total, que ante ese sentimiento de haber perdido todo el día, enseguida nos pusimos de acuerdo en que nos merecíamos un cine. 

Además, después del empacho de Bref de los úlitmos días, no podía resultarnos difícil la comprensión de unos cuantos sketches de Jean Dujardin (recientemente oscarizado) y Gilles Lellouche (el segundo hombre más sexy sobre la faz de la tierra). Nos metimos en la sala, justo delante de una pareja de abuelitos, para molestar. Nos las tuvimos, pero Milena con su carácter Adólfico y peleón se impuso así que se cambiaron de asientos ellos en vez de nosotras. La peli empezó, y nuestras risas españolas destacaban entre las de los franceses. Quien no entienda cómo puede ser posible eso, le animo a ver este vídeo: 

Al acabar la película, Milena en shock por la última escena, nos sentíamos bastante guays, pero pensamos que por qué no creérnoslo un poquito más. Así que entramos en una de las callejuelas que dan a parar a Odéon, la "Rue de l'Ancienne Comédie" y nos gustó un bar de copas muy chic, el "Pub Saint-Germain". Nos sentaron en una de las mesas que daban a las ventanas-escaparate: claramente, para atraer a la clientela de fuera. 

Pedimos un par de mojitos, que además estaban buenísimos, y que acompañaron con unas aceitunas y unos cacahuetes. Después de un rato de charla y de planificación, empezó la operación Olivier, que terminó con las mismas dos que habíamos entrado, pero con Milena bien feliz.

Entonces, decidimos volver a casa, después de una tarde Sex and the City total, salvo que Paris en lugar de Nueva York. 

Quien la sigue la consigue

Ya han pasado algunos días, pero como ahora tengo más tiempo, no voy a dejar de escribir sobre aquella noche.

Fue la última noche con la última de mis amigas, antes de que se marchase a Barcelona, a reunirse con las otras dos para hacer un examen, y dejarme aquí sola y desamparada en la demasiado grande ciudad de Paris.

Pues bien, como suele pasar, se nos juntaron varios planes en el mismo día, así que optamos por el de más alto contenido en italianos, que suele salir bien. Fuimos a casa de mamá Martina (la llamo así porque cuida de nosotras invitándonos a soirées sanas y divertidas), eso sí, habiendo cenado poco: craso error. Conocimos a algunos alemanes (de hecho, casi más que italianos... estafa!) Pero al poco rato nos invadió el hambre e hicimos una pequeña escapada al McDonalds. Escapada que Milena, no sé pensando en qué (bueno, sí que lo sé ;) ) se encargó de comunicar a todos los presentes, y además precisando que "sí, sí que hemos cenado, pero poco". Gracias, Milena.

El rato McDo fue muy chulo porque... bueno, primero porque te sientes como en casa. Y además, porque empezamos a rajar de la alemana. Esa que no paraba de gritar en la soirée, esa que tenía cara de ensuma merda, esa que no decía nada, esa que tocaba la pandereta... Espera! Hablábamos de distintas alemanas! Cómo no... jajajajjaa Aunque a partir de allí decidimos compartir las manías, y las dos ganamos una enemiga, que siempre van bien.

Volvimos prontito a la soirée, para que todos nos preguntasen "ça va mieux?" Entonces empezamos a beber, a hablar de bref y de las muletillas que habíamos decidido incorporar a nuestro vocabulario cotidiano. Luego, cambiamos de interlocutor, y le contamos sobre bref, y sobre las muletillas que habíamos decidido incorporar a nuestro vocabulario. Y después, Federica se añadió a la conversación y le contamos sobre... lo mismo. Llegó un instante de la noche en que me pregunté cómo había podido estar tan ciega todo este tiempo, sin ver que Milena era mi alma gemela: nos complementábamos las frases, si a una no le salía una palabra, la decía la otra (sin haberla dicho primero en español), nos reíamos por las mismas cosas y nos alternábamos las preguntas o comentarios hacia quien hablábamos.

Ah, valga recordar el momento en que llegamos y fuimos a dejar los abrigos, e interrumpimos una conversación. Aprovecho este discreto y humilde blog para pedir perdón a la susodicha pareja, a Andrea y a la zorra de cuarta que se lo intentaba ligar utilizando métodos de atracción como "uuu tengo una prima que está buena y si me besas a lo mejor luego te la puedes tirar a ella". Fuera, putón. Deja paso a las españolas ;)

Después de unos cuantos vasos de vino, a Milena la ofendieron diciéndole que iba medio desnuda. A ese muchacho lo invitamos todos a abandonar la casa de Gran Hermano hasta que lo hizo, segundos más tarde. Somos una piña.

Un grupito de italianos monos hicieron aparición en un momento dado, pero sólo un momento, luego abandonaron, dejándonos plagados de los alemanes y 3 o 4 italianas. Así que anduvimos hacia la discoteca acordada, pero después de pagar el guardarropía decidimos que preferíamos otro bar. Cogimos las cosas y nos fuimos.

Entramos en "Traskal", un bar perfecto: música buena, cierra más tarde de las 4.30 (hora en que abandonamos), y lleno de muchachos amables que te traen cervezas. Algunos no te la traen, pero puedes cogérsela de las manos, vaciarla en tu vaso y devolvérsela. Mi gran amiga Milena y yo, después de un tequila con Andrea, nos pusimos a la búsqueda de un poco de espacio para bailar y lo conseguimos, aunque intermitentemente. 

La noche siguió su curso, hasta que Milena tuvo problemas con el corazoncito, así que abandonamos, y fuimos los 3 a por un kebab. Parecía que ya se tranquilizaba todo, cuando tuvimos problemas para que nos diesen lo que habíamos pedido y yo había pagado. Como mis amigos estaban liados con no sé qué, tuve que ir yo a ponerme seria con el morito de turno, hasta que nos lo dieron. Y entonces elegimos una mesa grande y nos sentamos, mientras Milena se reía del pobre Sebastian (luego recordó  que era porque le había robado la cerveza, pero en el momento sólo recordaba que ella tenía que reírse de ese pobre chico).

Sólo cabe añadir que nos tocó un falso francés calvo al lado, al que después de mirarme descaradamente durante varios minutos seguidos, tuve que dar un toque de atención, y entonces se puso chulito diciendo que en Francia eso se puede hacer, y que si no me gustaba, que me marchase. La conversación derivó en que los franceses se creen los reyes del mundo y que todos deberíamos hablar su idioma, y en Milena y Andrea convenciéndome de que me callase que aún acabaríamos a puños. Al final lo hice, pero bueno... Tuvo su merecido el imbécil, y además su compañero (también calvo, pero sin tanta pinta de pringada), le miraba con cara de "en qué jardín...". 

Abandonamos el antro, cogimos el metro, las chicas nos marchamos a la cueva B.Chaumont y allí nos partimos un rato, nos pusimos el despertador para ir a hacer la inscripción, dormimos, y nos despertamos a mediodía, con el bureau cerrado, pero varios capítulos de Bref o Skins por ver. Y muuucho por comentar. 

La valoración del momento, sobre las 00.15, en casa de Martina, sobre si coger el último metro o apostarlo todo... satisfactoria. Como no podía ser de otra manera, a su vez. 


lunes, 5 de marzo de 2012

Al principio la única sensación es e que no vas a llegar nunca, el camino es eterno, y lleno de paradas, subidas y bajadas, ratos de espera... Pero para mí, he llegado a París en el momento en que salgo de la estación Cité Universitaire - RER B. Aunque reconozco que un rato antes, al ir pasado las paradas desde dentro del vagón, la mente se va preparando para el momento.

Los sentimientos se contraponen. Por una parte, y esta vez más, y más claro que nunca, la pena de dejar Barcelona, con lo que significa para mí: la familia y Manu. Eso hace que Paris lleve una pequeña connotación de tristeza. Además, en la línea de lo malo, es fácil añorar en seguida la buena educación (quién lo diría) de los barceloneses, y en general la tranquilidad. Llegar a Paris, desde el momento en que aterrizo, es incomodidad, gente corriendo hacia todos los lados, peste...

Pero todo eso queda atrás cuando salgo de la estación, como he dicho, y sólo veo los edificios de la Cité, y el cielo tan característico de Paris (que no había visto hasta entonces, sino sólo el subsuelo por el que pasan los trenes). La Cité, vista por primera vez desde mi último viaje, me conmueve. Siento la independencia con todas sus letras, me siento un individuo que no necesita a nada ni a nadie, sino que hace su vida a pequeños pasos que nadie percibe. Es todo un sentimiento erróneo, porque vivo aquí con una tarjeta contra una cuenta que se rellena en Barcelona, pero eso no me viene a la cabeza, sino sólo "MI casa". Es como el orgullo y a la vez la satisfacción de que ese conjunto de edificios siga ahí, me esté esperando y yo tenga la llave que abre las puertas, y desde ese momento ese volverá a ser mi domicilio hasta que me vuelva a ir.

Aún así, reconozco que vivir sola me gusta, pero siempre voy a preferir estar con alguien durante todo el día y sobre todo la noche... Suerte del ordenador, que es como mi balcón que da al mundo, sea para conectarme a mis compañeros en el erasmus, para poder hablar con mi gente de Barcelona, o sea para estar informada o distraída mediante toda la oferta que brinda internet.

Sigo con el corazón dividido, quiero volver a Barcelona, echo de menos mi vida normal, pero a la vez no quiero dejar de vivir en Paris.

domingo, 8 de enero de 2012

Volver a empezaaar, otra vez! (8)

Así es como me siento, volver a empezar: ilusión de recomenzar, propósitos nuevos, viejos amigos... Y lo tedioso del contenido, de eso que se ''recomienza'': estudiar. 
Antes de nada, para que no se me olvide, quiero explicar algo que llevo tiempo observando y queriendo decir al mundo, pero siempre se me pasa: 
En la estación de RER B Cité Universitaire, varían cada día los agentes de la RATP (la RATP es como el TMB, pero a lo grande). Me llevo fijando desde el segundo día en que llegué a Paris, ya que observé que el chico que me había ayudado el día anterior no estaba. Nunca más lo he visto. Ni a la señora viejecita que me ayudó otro día. Ni al hombre gordo. Ni a las dos cincuentonas demasiado maquilladas. Renuevan el personal cada día. Puede que sea una técnica innovadora para combatir el paro. 
Dicho esto, pasaré a explicar un par de anécdotas del día, antes de ponerme a estudiar para el inminente examen de inglés. 

1. Voy a volver a poner en marcha el contador, ya que aunque una se proponga ser un poco más tolerante, ellas continúan siendo unas maleducadas e incívicas, que piden a gritos (literalmente) que las devuelvan a la jungla de donde vienen. Ellas son: las mujeres negras de más de 35 años. Por suerte, en la biblioteca venden tapones para las orejas, así que no me volveré a tener que cambiar de asiento por los gritos de ''walawaki sama sama uuua'' de mi vecina en el metro. 
2. Hemos hecho un nuevo amigo en la biblioteca. Bueno, a él le encantaría. Nos ha ido persiguiendo, dando vueltas alrededor de un pilar de la cafetería de la biblioteca (le kiosque), tosiendo y a la vez haciendo limpieza del aparato digestivo. 
3. Ha sido interesante comprobar que no tendría ninguna dificultad en el hipotético caso en que me diera por estudiar el portugués. He conseguido seguir la misa entera en ese idioma, a -2ºC y rodeada de unas 500 personas de esa nacionalidad, la mitad por lo menos de entre 1 y 6 años... Una misa muy enriquecedora a nivel personal, ya que mi paciencia ha ampliado sus límites usuales. 

Buenas noches, y buena suerte!
(La buena suerte me la deseo a mí misma para el examen, porque pueden pasar tantas cosas...)

La foto corresponde a donde paso la mayor parte de mi tiempo desde que he llegado a Paris. No es la biblioteca. Es la puerta de entrada a la biblioteca, con su correspondiente cola, que no se ve porque la foto está sacada de un poco más arriba...

miércoles, 4 de enero de 2012

Se está mejor en casa que en ningún sitio... Cuando tienes claro cuál es tu casa.


Las Navidades son para estar en familia, y por eso dejé por un tiempo mi ciudad actual, Paris, para verme con los míos, hacer las tradicionales comidas con tíos y primos, y sobre todo estar en casa por Navidad, con mis papás y hermanitos. Los echaba de menos, eso de estar en casa y no tener ni cinco minutos de intimidad, de rato para uno mismo. También echaba de menos no ser la única que toca mis cosas, y el misterio de cada mañana de dónde estará el jersey que busco, o cualquiera de ellos, porque lo que quiero es salir pronto, y no encuentro ninguno. Se agradece volver a compartir un espacio pequeño para guardar mis cosas junto con las de mi hermana, que ocupan mucho más, y también la sorpresa de qué habrá para comer, si me gustará o no, si habrá suficiente con el hambre que tengo, o si tendré que comer más de lo que preferiría porque no hay otra cosa, siempre con el aliciente de que cocina alguien que si no sabe que las camisas no se guardan en el armario de las toallas, me hace dudar de si sabrá encender el fuego de la cocina. Y, por encima de todo, echaba de menos el hecho de estar de vacaciones y poder dedicar todo ese tiempo a estudiar. Bueno, mejor dicho, no lo echaba de menos porque nunca antes había vivido esta maravillosa experiencia, pero la estoy disfrutando a cada segundo. 

Todas estas ventajas del hogar a parte, sí que es verdad que mis papás se han esforzado al máximo para que una vez vuelva, los eche de menos, y para que tenga buenos recuerdos cuando piense en Barcelona, a pesar de todo. Y Manuelito es el elemento que me falta en mi vida parisina para que ésta sea perfecta, ojalá lo pudiera llevar, dormido con cloroformo, hasta Paris, y después ya me las ingeniaría para no dejarle volver... Además, él sabe acumular todo el cariño y la atención que resta la distancia, para inyectarla en vena en los poquitos días que nos vamos a ver en Barcelona. ¡No nos despegamos! 

Cuando vi a mis amigos de toda la vida por primera vez al llegar, también noté de golpe que los había echado de menos, y tuve la suerte de poder disfrutar de ellos durante varias horas, que podían haber sido el doble si por mí fuera. 

Todo esto no quita la sensación de estar de paso que tengo, desde recién llegada a Barcelona. No es culpa de nadie, es el efecto vivir durante varios meses en un sitio en el que lo controlas todo, y de repente cambiar, volver a lo antiguo, pero sabiendo que es algo temporal... Y, por supuesto, las ganas de que ese momento llegue. No son un 100%, también hay cosas aquí que me retienen... pero Paris me espera, aunque sea sólo por unos meses más. Creo que cuando llegue el momento de volver para siempre, la sensación será muy distinta a la de ahora, ya habrá terminado el episodio Paris. Pero, de momento, estos son unos días de baja, que terminarán pronto y que se están pasando lentos y pesados. 

Con esto no quiero decir que Barcelona no me guste, ni muchísimo menos que no esté a gusto entre los míos. Me sabría muy mal que pensaseis que prefiero estar sin vosotros. Es el ritmo de vida, y ese calendario mental en que se van tachando los días y voy contando cuántos me quedan aquí, más que cuánto me queda para volver. 

Ésta es la única entrada del blog que voy a hacer desde Barcelona, porque Bizarre Amour Paris habla de Paris, no de mí. 

Foto 2: fondo de escritorio actual del MacBook. (sustituyendo a la Foto 1, fondo de escritorio de los últimos meses)


sábado, 3 de diciembre de 2011

Cuando el grajo vuela bajo, hace mucho frío en París

He aquí la lección de meteorología prometida. Por lo pronto, quiero hacer una observación sobre la naturaleza, concretamente sobre la lluvia en París. Aunque yo sigo con la sensación de que aquí no llueve, y que las botas de agua que me compré están guardando polvo en el armario, es cierto que sí llueve. 

Pero la lluvia de aquí es muy distinta a la que yo estoy acostumbrada, es decir, a ver caer gotas de lluvia en el suelo, tejados, etc. La lluvia aquí consiste en lo siguiente: 

Se forman unas bolsas de aire que es probable que ya estuvieran antes, pero ahora las ves. Ves una especie de bola blanca, como de niebla, pasar ante tus ojos (yo vivo en un 3º piso, así que la veo desde la distancia, la veo bien, , y cargan gotitas de agua. Esas bolas blanquecinas se van moviendo, siempre en la misma dirección, hacia donde sopla el viento, pero en horiztontal. No podemos decir que la lluvia cae, porque no cae, sólo se desplaza. Yo, al principio, no sabía que eso era llover. Y me di cuenta porque al verlas, me extrañé, me fijé, y entonces vi que si alguna vez una de las bolas impactaba contra mi ventana, ésta se llenaba de gotitas. 

No puedo colgar una foto de las bolas, porque no se aprecian, pero sí que colgaré una de la prueba de que el agua sigue un recorrido extraño. 


Haré un último comentario, en referencia a los pajaritos, en honor a quien he puesto el título. Anteayer pasaron varias bandadas de pajaritos muy pequeños, y hace unos días vi el mismo fenómeno en Créteil (donde está la universidad), moviéndose todos a la vez, no van flechados en una dirección, sino que antes dan un par de vueltas, supongo que tienen que adaptarse a las corrientes de aire. Todas las bandadas vienen de una dirección y se van hacia otra, emigran. Es un momento bonito. 

Aparte de estas aventuras que vivo a través de las ventanas, no puedo contar mucho más, ya que no me muevo de mi escritorio más que para ir a la cocina y a dormir. Ayer fue la excepción, ya que tuve que ir a la universidad para la última clase, y ya me quedé allí estudiando en la biblioteca. Cómo no, los franceses la volvieron a liar. 

1. Mientras imprimía algunos apuntes, el imbécil del vigilante de la sala de informática, mandó a imprimir unas hojas que se colaron entre mis apuntes, hasta que me di cuenta y eliminé su tarea. Cuando cogí los papeles y los enseñé a todo el mundo para ver de quién eran, él no dijo nada. Supe que eran suyos cuando lo vi después riéndose de mí. 

2. Necesitamos los planes docentes de las diferentes asignaturas para mandarlos a la universidad de barcelona (upf). Pasamos por 5 despachos diferentes (bueno, uno de ellos resultó ser un aula en plena clase, y otro una clase vacía, antes de que por fin nos diesen una solución. Como no nos pueden dar los correos de los profesores, ¡no fos cas que los acosáramos a emails, eso sería insoportable!, nos dieron una dirección al que enviar nuestra solicitud, que sólo podía concernir a ciertas asignaturas, y después de seguir intentándolo un rato más, otra dirección para el resto. 

3. A las seis y media de la tarde, la biblioteca se empezó a vaciar, hasta que nos echaron, a las siete. Sé que no es nada del otro mundo, pero una prueba más de que Paris nos intenta expulsar como puede; ya sea cerrando una biblioteca justo el día de la semana en que queremos ir, ocupando todos los sitios de la sala de lectura de mi residencia cuando queremos estudiar o, esta vez, cerrando a una hora de vergüenza. 

Eso es todo amigos, a ver si esto se aviva un poco, porque vivo en una atmósfera depresiva, y echo de menos Barcelona. 

* Último punto: pasó hace días, pero también merece ser publicado en este blog de denuncia: aunque el calendario del año escolar marca los exámenes en enero, y así nos lo explicaron en la charla inicial a todos los alumnos erasmus, este miércoles recibimos la interesante noticia de que faltan 12 días (ahora ya sólo 9) para los tres primeros exámenes. (Tenían que ser 4, después de una batalla campal contra los italianos y algunas súplicas al profe, que nos pasaran uno a enero.)



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