lunes, 16 de julio de 2012

Donde fueres, haz lo que vieres... y si te gusta, impórtalo

Bueno, los ánimos vuelven a reflotar, parece que no está todo perdido. Se puede vivir en Barcelona, volver a la vida real, y aún así que se te vaya la olla de vez en cuando, a la parisina. O mejor dicho, a la ''erasmus paris 2011-2012''. Y es que el café de aburrimiento de media tarde puede terminar de la manera más inesperada si se enciende la bombilla a tiempo. 

En el Starbucks y, cómo no, en nuestro minuto de recuerdo a huevo, recordamos que la huevita tenía pendiente enviar fotinhos a su amado en París, así que hay que hacerlas, a pesar de que la bb ya trae algunos buenos retratos de paisajes en la costa brava y de barcelona. Aún así, ¿por qué no sacar alguna de esta tarde apacible? Pues porque en realidad, lo que le apetece a Mile es escuchar su voz, quiere llamarlo. Pero no puede ser en medio de muntaner con travesera, en el pleno meollo de coches, motos y ambulancias. Pero en su casa está su mamá, eso inhibe a cualquiera. Y en casa de la amiga, siempre hay gente pululando... Necesitamos un sitio tranquilo: 

Hay que pagar ya el batido y el zumo, porque nos vamos en la Jog uniplaza sin faro ni retrovisor al Tibidabo. No sin antes pasar por casa a por la botella de vin rouge de rigor, el abridesto (tirebouchon) y un par de cascos y cazadoras. Y el tabaco de liar. 

Tras unas cuantas paradas en la acera para pensar el camino, emprendemos la carretera de las curvas para llegar hasta el aparcamotos, al pie del tibidabo. Allí, empezamos la excursión a pie, parando de vez en cuando para sacar fotos de Barcelona a vista de pájaro. La sensación de felicidad era máxima, por el sentimiendo de libertad, de petite follie, de tarde a la parisina. Subimos durante unos cuantos minutos, y parecía que habíamos encontrado el replano perfecto para sentarnos a disfrutar de nuestra idea... Pero estaba a varios metros sobre el suelo, y sólo se podía acceder escalando. Yo llevaba ventaja, porque hice escalada en Ortigueira, para poder ir a los lavabos. Milena, en cambio, se puso el casco, medio por protegerse la tête, medio por evitar que volviese a caer desde tan arriba, rodando, hasta casi el Canigó. Parecía la hormiga atómica. 

Después algunos pasos en falso, nos acomodamos, abrimos la botella, liamos un par de clopes, y ponemos música. Vemos atardecer, muy despacio. 

Cuando empieza a hacerse oscuro, más o menos a 3/4 de la botella, volvemos a bajar, siempre con nuestra máxima moi en soirée je bois de l'eau, aunque quizá a algunos decibelios de más, porque una chica nos miró raro... 

Durante un rato de la bajada fuimos los jinetes del bando contrario, y estábamos dispuestos a acabar con los barceloneses al galope. Después, cogimos la moto, y bajamos, por la derecha, es decir, siguiendo las normas de circulación, pero cantando a todo volumen Mais que nada y Boooooomba, movimiento sensual incluido. 

Ya eran más de las nueve, así que no podía cenar en casa, y decidimos ir a picar algo, dejando la moto primero en casa, ya estaba muy bien haber llegado sanas y salvas a Aribau, no había porque seguir forzando la buena suerte. 

Pero... más que un bocata, lo que entraban eran unos chupitos... Nuestro ángel de la guarda quiso que el Spit Chupitos estuviese todavía cerrado, así que cayó medio showarma y media cocacola por cabeza, o mejor dicho un demi kebab et un demi coca, ya que, después de una soirée tan afrancesada, no cabía menos que hablar en francés entre nosotras. La cosa se nos fue de las manos, porque acabamos entrando en el bar de chupitos hablando en francés. 

Un semáforo, un peta zeta, un eucalipto... Un par de pitis afuera y, cuando la cosa ya no daba para más... oímos hablar francés a nuestro lado. Siempre con el espíritu de ayudar que nos caracteriza, ofrecimos indicaciones a las dos francesitas y el gabacho que parecían buscar algo. Lo que buscaban era a un par de divertidas barcelonesas con las que seguir de fiesta, y las encontraron. Entramos de nuevo al bar, donde conocimos al resto de la manada, y les hicimos MDRR (morir de risa) al oírnos las expresiones más genuinas y hablando de los temas de más actualidad en la capital francesa. 

Con la sensación de haber aprovechado a más no poder la noche, y con la satisfacción de saber que el Erasmus no ha terminado todavía, o como mínimo, siempre nos quedaría el espíritu entre nosotras dos, nos fuimos a casa como las viejis del grupo (los otros tenían todavía mucha fiesta por delante). 

No todo está perdido. 





viernes, 25 de mayo de 2012

Lo bueno nunca acaba, si hay alguien con quien recordarlo

Siguiendo con nuestras aventuras, tuvimos una soirée mehdi II, que empezó con una inocente salida a dos a Chez George de las dos incansables Milena y yo. Invitadas al apartamento del vecino, pasábamos un rato charlando con el camarero de nuestra segunda casa, el cual conoce a Max Boublil, así que era necesario sacarle toda la info posible! También conocimos a un chiuaua al que le gustá Chez George, al nuevo camarero, mucho más enrollado que el último, y al falso Olivier. Minutos antes de perder el último metro, salimos dirección Cambronne, y aparecimos en la soirée con amigos con una botella de vino y otra de cerveza, para poderle sacar la chapa con ayuda de un mechero. Con mucho más relax, quizá demasiado, pasamos unas horas charlando y cantando, y esta vez nos fuimos a dormir prontito (4 heures environ), para despertarnos pronto y desayunar por última vez con la otra mitad de nosotras, Ling y María. 

No tenían milhojas de fresas, pero no desayunamos mal: huevos fritos, colacao... Entones los acontecimientos empezaron a precipitarse. Heureusement que las niñas lo habían preparado todo: 3 maletones del tamaño aproximado de mi cuarto, 2 maletas de un tamaño normal (como una bañera), y ya no sé cuántas bolsas de apariencia inocente, pero... las peores! Ah, y las raquetas de tenis. En total calculamos unos 200 kg. La idea era de hacer dos viajes, pero como somos unas valientes y, sobre todo, por inspiración del Espíritu Santo, nos armamos con todo y salimos de Ourq, shorts, bambas y coleta modo on. 

Ling coja, maría vestida como en pleno invierno, claro que sí, y a 40ºC a la sombra, emprendimos la odisea. Aprendimos que no todo en Paris son capullos cuando un buen hombre nos ayudó, al gritito de socorro de Ling, a bajar un par de las gordas. Los primeros 10 escalones. Todavía nos quedaba el tramo largo para poder coger la línea 5, pero nos las apañamos bastante bien. Etape par etape, biensur. 

Llegó el metro y cundió el pánico. ¡Cada una en una puerta! Y resultó que los metros de Paris tienen 4 puertas por vagón, así que niqué. Todo iba bien, incluso el sudor que no había parado de salir de nuestros poros desde que habíamos salido, era controlado. Como mínimo hasta que una cucaracha del tamaño de un dedal cayó del techo sobre un señor. Yo lo vi, y empecé una crisis nerviosa. Milena, para explicarlo a las de atrás (seguíamos distribuidas por puertas), se refirió a la bestia como una ''mini cucaracha''. Pero a la que el bicho se acercó a ella, mientras yo ya me rascaba por todas partes, empezó a chillar y llorar. Aunque lo peor era cuando la perdíamos de vista. Entonces siempre cabía la posibilidad de que te estuviese tocando sin que te dieras cuenta. No hace falta decir que podríamos haber cobrado entrada por el espectáculo. La gente se partía. 

Llegamos a Bastille para hacer el cambio, ya que la Gare de Lyon no conecta directamente con casa de las niñas, a diferencia de la Gare d'Austerlitz, que hubiese sido demasiado fácil. 

Bueno, existen paradas con pasillos interminables para hacer el transbordo... Pero no existe ninguna con más tramos de escaleras, ahora de subida, ahora de bajada, para poder cambiar de línea. Alguna gente nos ayudaba, otra nos empujaba, y otra simplemete miraba sin más, algunos incluso con miradas raras. En Paris hay mucha gente rara. 

Nos volvimos a distribuir por puertas, aunque sólo para una parada. Entonces llegamos a la estación. Al principio no había demasiada gente, pero en el tiempo en que Milena fue a comprobar que, tal como a lo que todo apuntaba, no había ascensor. Sí, sí. En una estación que conecta el metro con la estación de trenes de larga distancia, no hay ascensor ni escaleras mecánicas. En ese rato, llegó otro metro cargado con los que llegaban directamente de la jungla. 

Mis tres compañeras empezaron a subir los paquetes ligeros (este era el modus operandi. primero subíamos lo menos pesado, para ir calentando para lo gordo, mientras una esperaba abajo controlando el equipaje que quedaba). En esto, me vi sola, a los pies de la escalera, y unas 50 personas detrás mío, con ansias de tomar aire. Y yo controlaba unas cinco maletas. Un negro de dos metros intento saltar por encima de mí. Todos los demás eran de los que miran al frente, y no hacia abajo, así que no me vieron. Las maletas empezaban a desplomarse, y mis amigas no podrían haber bajado aunque quisieran, porque la corriente se te llevaba. Entonces, un grito desesperado mío despertó al mundo. De repente, todos se percibieron de nuestra presencia (mía y de las maletas), y cada uno cogió una, hasta el siguiente tramo. 

El siguiente tramo era tan solo de cuatro escalones. Gracias a Dios que, aunque todas conseguimos hacerlo, a golpes de carrito de bebé, Milena fue socorrida por un viejecito de unos noventa años, que la ayudó a bajar su mochilita. Uuuf! 

A partir de allí, nos esperaban unas encantadoras escaleras mecánicas. Nosotras, que ya tenemos un bagaje, supimos distribuirnos con espacio entre las unas y las otras. Lástima que el resto de la gente no puede concebir la idea de que si delante llevas a una chica con dos maletas, una bolsa de deporte, otra llena de ropa y una raqueta, por qué no dejar un espacio de dos escalones, al menos...? Naaaah! yo justo después. Así que casi la liamos al acabarse las escaleras. Pero no, con unos cinco morados entre las dos piernas, me conformé. 

Entonces empezó lo guay. Faltaban todavía más de 3 horas para que el tren saliese, así que nos agenciamos un rincón para nosotros 20 (entre niñas y maletas), comimos, y empezamos a charlar de nuestras guerritas en Paris. Después vino adivinar pelis, después cantar leyendo y adivinar la canción, y después el Pi. Uno de mis juegos favoritos, parecido al escondite, pero hay que esconderse, correr, gritar... un poco de todo, quoi! Después de unas cuantas rondas, María fue a comprobar la vía o la hora del tren, para ir a ver qué tal. Al fin y al cabo, ya quedaba solo media hora... Pero volvió con cara extrañada, todavía no salía en las pantallas, aunque otros más tarde sí salían. Por si acaso, las otras dos comprobaron el billete... Voilà! Paris-Austerlitz - Barcelona-França. Aunque las cuatro habíamos tenido los billetes en nuestras manos, y repasado otros aspectos, nadie se había dado cuenta de que estábamos en la estación equivocada. A media hora de la partida del tren. Estrés, gritos, golpes. Maletas para arriba y para abajo otra vez. Cruzamos la estación volando, hasta la parada de taxis, donde unas cien personas hacían cola. 

Decidimos que fuera Ling quien le explicase en buen francés y con calma al responsable que necesitábamos salir ya. Así que con un simple ''taxiiiiiiiii nos hemos equivocado. la gare, la gare. taxiii'' el señor entendió que debíamos pasar antes. Entonces, nos pusimos en medio de los 4 ó 5 carriles buscando el que nos habían indicado. Al final Bob Marley, con un 'qué pasa qué pasa' y un puro en la mano empezó a cargar las maletas en el maletero. Era una furgoneta, pero aún así no cupieron todas. El resto, entre nosotras. Riesgo de partir las raquetas elevado, igual que de acabar con parte de la maleta en la boca o en el ojo. Mientras alguna lloraba de histeria, yo me partía de risa porque estos estreses me dan la vida, y el taxista se descojonaba, llegamos en un momento, a golpe de bocina, a la estación correcta. Entonces volvió una falsa calma, a esperar que saliese el número de vía. Un rato de espera más tarde, lo que escuchamos por los altavoces, en español, fue que el tren había descarrilado, así que el viaje se haría en autobús. Y así fue. Acompañamos a las gafes de la vida hasta el bus, y muchos abrazos y algunas lágrimas más tarde, ellas estaban en el bus, haciendo corazones con las manos hacia la ventana, y Milena y yo lo mismo al lado. 

Un trocito de nosotras se fue a Barcelona también. Fue una de las despedidas más tristes envisageables. Pero me quedo con el buen recuerdo de las risas que no paramos de echarnos durante toda la tarde. 

PD: Acabo la noche: milena y yo volvimos a ourq a recoger cosas, la casa impecable. Y dijimos... pourquoi pas.. organizar aquí una soirée, de despedida del piso. Y así fue. Alcohol por doquier, perros y gallinas... en fin, la casa quedó bonita bonita para cuando la señora la vea. De hecho, es probable que todavía quede alguien en ropa interior durmiendo en el sofá. Ah, y el vómito del cuarto de baño olía tan mal que no tuvimos lo que hay que tener para limpiarlo. 

Gracias por todo nenas, fue un verdadero placer conoceros y convivir durante todos estos meses. 

He visto a putas más recatadas que esto

Los últimos días han estado llenos de emociones. Voy a hacer un recorrido desde el lunes hasta ayer jueves, con los momentos más memorables, y el día de ayer lo explicaré con todos los detalles que merece. 

Primero, lunes: fin de mis exámenes, así que después del rato obligado de glander en casa de Milena escuchando a Max Boublil y planeando le soir. Aunque no nos sirvió de mucho, ya que nuestro poder de convocatoria salió negativo: ni un alma caritativa se apuntaba a salir con nosotras. Salvo Ling y Maria, por supuesto, con las que fuimos a cenar una crêpe savoyarde al Petit Grec (el mejor sitios de crêpes de Paris). 

Entonces, los dos chuchufletos se marcharon a casita a reposar, y el bebetrón y yo fuimos a ver la escalinata de Midnight in Paris, y un par de vueltas más por la zona... En última instancia nos dirigimos al Café Oz, el único sitio que sabíamos que estaría abierto, ya que los lunes es un mal día para s'amuser en Paris. 

El bar se encuentra en Denfert Rochereau, así que fuimos directas. Por el camino, un par de ''parisiens'' de origen tunecino y marroquí nos distrajeron un poco con sus intentos de ligar, hasta que lo dieron por muerto al tomar a Milena por deficiente mental, ya que supuestamente nos íbamos a Disney Land Paris con el RER B. 

Nos bajamos en Denfert Rochereau y, caminando hacia la salida,... pourquoi pas... Pasar por la cité, cambiarnos de ropa y hacer las cosas bien? Así que fuimos a casita, nos pusimos ropa un poco más adecuada para salir (nada escandaloso), y ya íbamos a salir, cuando... ¡sorpresa! Mehdi en Paris, y comunicándose con nosotras para salir esa misma noche! De la emoción, tardamos un poco en teclear su número de teléfono, pero sí sí, no era ninguna broma. Quedamos en un rato en el bar, y allí lo encontramos. 

El bar era pourri: música lenta, una gorda cantando, unos cuantos loup-garou al acecho... Salimos a la terraza, nos pusimos al día, y al cabo de un rato, después de sonar la campana de la última copa y acabarnos nuestras respectivas birras, salimos en taxi dirección Cambronne. Después de unas cuantas gestiones por la calle, subimos al apartamento del vecino. Terraza con vistas a la Torre Eiffel, camas en el techo,... una pasada. Y allí empezamos a charlar, divagar y elaborar teorías de verdad absoluta, cada uno la suya, por supuesto. Milena confesó su gran secreto: no le gustan los niños. Pero seguimos siendo amigos suyos. Max Boublil sonó durante toda la noche, intercalado con los Beatles. Se hizo de día y para nosotros era como si la fiesta acabase de empezar, bailando con la aspiradora como micro, y subidos en el sofá como podium, y a ratos por el suelo. El cenicero a rebosar. 

Cada uno acabó la noche como pudo y, eso sí, las privilegiadas de la cama mágica se despertaron al día siguiente como si nada hubiera pasado. (no de falta de memoria, sino de resacas ni dolor de ningún tipo). Así que nos volvimos a vestir "nada escandalosamente", ya que el Mister tenía que hacer recados, y emprendimos nuestro día de fous con una comida en el mejor restaurante de la rue du Commerce, en que tuvimos el acierto de pedir los dos peores platos de la carta. Recordatorio para Milena y todo el que quiera comer conmigo: nunca pedir lo que yo pido. Siempre la pifio. 

Así que después de un intento de gazpacho, unos rollitos primavera y el famoso y reputado boeuf bourgignon con falsos macarrones, montamos un pequeño numerito en el lavabo, frente al camarero que ya llevaba partiéndose de risa de nosotras desde que habíamos llegado. 

Al salir, hicimos un poco de window-shopping, y a casita. 




sábado, 5 de mayo de 2012

Yo no iba con Marine Le Pen, que conste.

Hoy no voy a contar ninguna historieta, no porque no nos pasen aventuras... esto es un no parar... ¬¬

Pero he hecho una reflexión que no puedo escribir en facebook porque no quiero ofender a nadie, y como esto sólo lo leéis los más íntimos, pues... 

En fin. Hace poco le pregunté a mi buen amigo bebetrón si, en caso de que ella hubiese nacido de color, lucharía por la igualdad de derechos en un país tal que Francia, por ejemplo, o si se resignaría a las discriminaciones sociales que pudiera llegar a sufrir en algún momento de su vida con gente "blanquita", ya que al fin y al cabo sería ella quien habría acabado en un territorio que no es el suyo original, y por tanto tiene un status que no es el mismo que los "sush" (parisino, parisino). 

Su respuesta no importa, pero os voy a contestar mi opinión. En el momento le dije "imagino que aceptaría el hecho, y asumiría las consecuencias". Quiero remarcar que el 99% de los habitantes de esta bonita etnia aquí en París opinan diferente, y creen que forzando su superioridad cambiarán algo, no sé, a lo mejor piensan que nos volveremos todos de su color, o que la ley de la jungla terminará por imponerse y que la gente emigrará de París en busca del mundo desarrollado... En fin. 

Yo continúo pensando que lo asumiría y punto. Pero también pensaba que no lo podía saber con exactitud, porque nunca estaría en su lugar. Pues bien, se ha demostrado que me conozco bien, porque no esto, pero me ha pasado una cosa muy parecida: Soy Phoebe. He tardado 3 o 4 años en darme cuenta, o en aceptarlo, pero ahora lo sé. Asumo las consecuencias. No estoy orgullosa de ser Phoebe, pero sí de ser como soy, y si esos conceptos van de la mano... vale. Claro que yo quería ser Rachel, yo creo que todo el mundo quiere, es más guapa y no hace cosas de idiota. Pero en la vida real yo las hago, así que... 

No intentaré creer a los demás que las tres chicas son iguales, porque son diferentes, ni intentaré hacer ver las ventajas de ser Phoebe. No. Es mejor Rachel, y punto. 

Que cada uno se tome esto como crea, y si tiene que asumir algo y dejar de dar empujones al subir al RER o bajar el tono de voz (o ducharse), adelante, yo os apoyo. Yo he dado el paso, tú también puedes. aanmoediging. 

Tengo que añadir un comentario post-publicación: he de reconocer que cuando estoy con gente de poca confianza, oculto o disimulo mi carácter phoebe. No es tan fácil si eres negro. 


martes, 20 de marzo de 2012

We're so cool and we know it

Esta historia es anterior a la última que he contado, pero tengo que aprovechar estos días que tengo más tiempo para ir reescribiendo nuestras anécdotas... 

Esta no tiene más que el hecho corriente y normal de llegar a la universidad a primera hora, y ver que habían "anulado" nuestra clase de la mañana (entre comillas, porque en lugar de nuestra clase lo que había era un galop d'essai, así que antes de enzarzarnos en galopar, huímos). Hicimos un poco de vida de uni: biblio, impresora, bureau... Comimos, pas mal, por cierto, y Milena se iba a casa para estudiar en vez de ir a civil, porque tenía el examen español. Yo iba a clase de medioambiente, y ¡sorpresa! tampoco hubo clase. Más tarde (ayer) supe que esa clase simplemente se estaba dando en otro aula, pero como los erasmus no tenemos derecho a saber estas cosas... Total, que ante ese sentimiento de haber perdido todo el día, enseguida nos pusimos de acuerdo en que nos merecíamos un cine. 

Además, después del empacho de Bref de los úlitmos días, no podía resultarnos difícil la comprensión de unos cuantos sketches de Jean Dujardin (recientemente oscarizado) y Gilles Lellouche (el segundo hombre más sexy sobre la faz de la tierra). Nos metimos en la sala, justo delante de una pareja de abuelitos, para molestar. Nos las tuvimos, pero Milena con su carácter Adólfico y peleón se impuso así que se cambiaron de asientos ellos en vez de nosotras. La peli empezó, y nuestras risas españolas destacaban entre las de los franceses. Quien no entienda cómo puede ser posible eso, le animo a ver este vídeo: 

Al acabar la película, Milena en shock por la última escena, nos sentíamos bastante guays, pero pensamos que por qué no creérnoslo un poquito más. Así que entramos en una de las callejuelas que dan a parar a Odéon, la "Rue de l'Ancienne Comédie" y nos gustó un bar de copas muy chic, el "Pub Saint-Germain". Nos sentaron en una de las mesas que daban a las ventanas-escaparate: claramente, para atraer a la clientela de fuera. 

Pedimos un par de mojitos, que además estaban buenísimos, y que acompañaron con unas aceitunas y unos cacahuetes. Después de un rato de charla y de planificación, empezó la operación Olivier, que terminó con las mismas dos que habíamos entrado, pero con Milena bien feliz.

Entonces, decidimos volver a casa, después de una tarde Sex and the City total, salvo que Paris en lugar de Nueva York. 

Quien la sigue la consigue

Ya han pasado algunos días, pero como ahora tengo más tiempo, no voy a dejar de escribir sobre aquella noche.

Fue la última noche con la última de mis amigas, antes de que se marchase a Barcelona, a reunirse con las otras dos para hacer un examen, y dejarme aquí sola y desamparada en la demasiado grande ciudad de Paris.

Pues bien, como suele pasar, se nos juntaron varios planes en el mismo día, así que optamos por el de más alto contenido en italianos, que suele salir bien. Fuimos a casa de mamá Martina (la llamo así porque cuida de nosotras invitándonos a soirées sanas y divertidas), eso sí, habiendo cenado poco: craso error. Conocimos a algunos alemanes (de hecho, casi más que italianos... estafa!) Pero al poco rato nos invadió el hambre e hicimos una pequeña escapada al McDonalds. Escapada que Milena, no sé pensando en qué (bueno, sí que lo sé ;) ) se encargó de comunicar a todos los presentes, y además precisando que "sí, sí que hemos cenado, pero poco". Gracias, Milena.

El rato McDo fue muy chulo porque... bueno, primero porque te sientes como en casa. Y además, porque empezamos a rajar de la alemana. Esa que no paraba de gritar en la soirée, esa que tenía cara de ensuma merda, esa que no decía nada, esa que tocaba la pandereta... Espera! Hablábamos de distintas alemanas! Cómo no... jajajajjaa Aunque a partir de allí decidimos compartir las manías, y las dos ganamos una enemiga, que siempre van bien.

Volvimos prontito a la soirée, para que todos nos preguntasen "ça va mieux?" Entonces empezamos a beber, a hablar de bref y de las muletillas que habíamos decidido incorporar a nuestro vocabulario cotidiano. Luego, cambiamos de interlocutor, y le contamos sobre bref, y sobre las muletillas que habíamos decidido incorporar a nuestro vocabulario. Y después, Federica se añadió a la conversación y le contamos sobre... lo mismo. Llegó un instante de la noche en que me pregunté cómo había podido estar tan ciega todo este tiempo, sin ver que Milena era mi alma gemela: nos complementábamos las frases, si a una no le salía una palabra, la decía la otra (sin haberla dicho primero en español), nos reíamos por las mismas cosas y nos alternábamos las preguntas o comentarios hacia quien hablábamos.

Ah, valga recordar el momento en que llegamos y fuimos a dejar los abrigos, e interrumpimos una conversación. Aprovecho este discreto y humilde blog para pedir perdón a la susodicha pareja, a Andrea y a la zorra de cuarta que se lo intentaba ligar utilizando métodos de atracción como "uuu tengo una prima que está buena y si me besas a lo mejor luego te la puedes tirar a ella". Fuera, putón. Deja paso a las españolas ;)

Después de unos cuantos vasos de vino, a Milena la ofendieron diciéndole que iba medio desnuda. A ese muchacho lo invitamos todos a abandonar la casa de Gran Hermano hasta que lo hizo, segundos más tarde. Somos una piña.

Un grupito de italianos monos hicieron aparición en un momento dado, pero sólo un momento, luego abandonaron, dejándonos plagados de los alemanes y 3 o 4 italianas. Así que anduvimos hacia la discoteca acordada, pero después de pagar el guardarropía decidimos que preferíamos otro bar. Cogimos las cosas y nos fuimos.

Entramos en "Traskal", un bar perfecto: música buena, cierra más tarde de las 4.30 (hora en que abandonamos), y lleno de muchachos amables que te traen cervezas. Algunos no te la traen, pero puedes cogérsela de las manos, vaciarla en tu vaso y devolvérsela. Mi gran amiga Milena y yo, después de un tequila con Andrea, nos pusimos a la búsqueda de un poco de espacio para bailar y lo conseguimos, aunque intermitentemente. 

La noche siguió su curso, hasta que Milena tuvo problemas con el corazoncito, así que abandonamos, y fuimos los 3 a por un kebab. Parecía que ya se tranquilizaba todo, cuando tuvimos problemas para que nos diesen lo que habíamos pedido y yo había pagado. Como mis amigos estaban liados con no sé qué, tuve que ir yo a ponerme seria con el morito de turno, hasta que nos lo dieron. Y entonces elegimos una mesa grande y nos sentamos, mientras Milena se reía del pobre Sebastian (luego recordó  que era porque le había robado la cerveza, pero en el momento sólo recordaba que ella tenía que reírse de ese pobre chico).

Sólo cabe añadir que nos tocó un falso francés calvo al lado, al que después de mirarme descaradamente durante varios minutos seguidos, tuve que dar un toque de atención, y entonces se puso chulito diciendo que en Francia eso se puede hacer, y que si no me gustaba, que me marchase. La conversación derivó en que los franceses se creen los reyes del mundo y que todos deberíamos hablar su idioma, y en Milena y Andrea convenciéndome de que me callase que aún acabaríamos a puños. Al final lo hice, pero bueno... Tuvo su merecido el imbécil, y además su compañero (también calvo, pero sin tanta pinta de pringada), le miraba con cara de "en qué jardín...". 

Abandonamos el antro, cogimos el metro, las chicas nos marchamos a la cueva B.Chaumont y allí nos partimos un rato, nos pusimos el despertador para ir a hacer la inscripción, dormimos, y nos despertamos a mediodía, con el bureau cerrado, pero varios capítulos de Bref o Skins por ver. Y muuucho por comentar. 

La valoración del momento, sobre las 00.15, en casa de Martina, sobre si coger el último metro o apostarlo todo... satisfactoria. Como no podía ser de otra manera, a su vez. 


lunes, 5 de marzo de 2012

Al principio la única sensación es e que no vas a llegar nunca, el camino es eterno, y lleno de paradas, subidas y bajadas, ratos de espera... Pero para mí, he llegado a París en el momento en que salgo de la estación Cité Universitaire - RER B. Aunque reconozco que un rato antes, al ir pasado las paradas desde dentro del vagón, la mente se va preparando para el momento.

Los sentimientos se contraponen. Por una parte, y esta vez más, y más claro que nunca, la pena de dejar Barcelona, con lo que significa para mí: la familia y Manu. Eso hace que Paris lleve una pequeña connotación de tristeza. Además, en la línea de lo malo, es fácil añorar en seguida la buena educación (quién lo diría) de los barceloneses, y en general la tranquilidad. Llegar a Paris, desde el momento en que aterrizo, es incomodidad, gente corriendo hacia todos los lados, peste...

Pero todo eso queda atrás cuando salgo de la estación, como he dicho, y sólo veo los edificios de la Cité, y el cielo tan característico de Paris (que no había visto hasta entonces, sino sólo el subsuelo por el que pasan los trenes). La Cité, vista por primera vez desde mi último viaje, me conmueve. Siento la independencia con todas sus letras, me siento un individuo que no necesita a nada ni a nadie, sino que hace su vida a pequeños pasos que nadie percibe. Es todo un sentimiento erróneo, porque vivo aquí con una tarjeta contra una cuenta que se rellena en Barcelona, pero eso no me viene a la cabeza, sino sólo "MI casa". Es como el orgullo y a la vez la satisfacción de que ese conjunto de edificios siga ahí, me esté esperando y yo tenga la llave que abre las puertas, y desde ese momento ese volverá a ser mi domicilio hasta que me vuelva a ir.

Aún así, reconozco que vivir sola me gusta, pero siempre voy a preferir estar con alguien durante todo el día y sobre todo la noche... Suerte del ordenador, que es como mi balcón que da al mundo, sea para conectarme a mis compañeros en el erasmus, para poder hablar con mi gente de Barcelona, o sea para estar informada o distraída mediante toda la oferta que brinda internet.

Sigo con el corazón dividido, quiero volver a Barcelona, echo de menos mi vida normal, pero a la vez no quiero dejar de vivir en Paris.